sábado, 3 de abril de 2010

Fránsico - Anécdotas #2


Encuentros del camino



Entre la Puerta de Baldur y Nashkel, Fránsico, Paco, caminaba por el borde de la calzada, torpemente empedrara varias décadas atrás quedaba por igual patente que el cuidado de la misma había sido nulo. De ésta forma Paco llevaba miedo de que pasara algún carruaje a demasiada velocidad, ya se había llevado más de una pedrada de las que salen disparada de las ruedas de los carros.

Fráns.... Paco caminaba pensando en todo lo ocurrido, dándole patadas a un trozo de adoquín que le había castigado los riñones el día de antes. Todo el embrollo empezó cuando aquel trozo de calzada había salido disparado hacia el costillar de Paco culpa del carruaje de un rico mercader que, tas percatarse de la presencia del bardo, hizo parar su carro en seco. Paco miraba doblado de dolor como el comerciante bajaba de su lujoso transporte y se acercaba hacia él con una sonrisa falsa. Nuestro pintoresco juglar esperaba una humilde disculpa por el cardenal que le iba a aparecer en breves, pero, no solo no se disculpó sino que intentó venderle un repelente de orcos y semi-orcos. Por mucho que aquel vendedor insistiera en las maravillas de su producto y que aquellos caminos estaban plagados de orcos seguía sin resultarle convincente a Paco.

El mercader, Gozno que decía llamarse, abordó a Paco con una desenfrenada concatenación de adjetivos, tecnicismos y palabrería en general, que bien podría haber sido una ristra de morcillas, pues el juglar lo veía igual de negro. Aquella primera embestida propagandística surgió sin un previo saludo como dicta el protocolo, para un atareado hombre de negocios decir 'hola' era perder unos valiosos segundos que podrían haber sido empleados en algo más lucrativo como, por ejemplo, añadir un adjetivo extra a la descripción de su producto.

Después del desconcertante aluvión de palabras extrañas (muchas de ellas inventadas) Paco, más centrado y consciente de lo que estaba ocurriendo, llegó a la conclusión de que le estaban intentando vender algo. Algo que era increíble, maravilloso, antiséptico, inodoro, incoloro, indoloro, inocuo, leandrático, eficaz, imprescindible, analgésico, desinfectante, inhibidor, sulfurante, hipercontaminante, hidratante, hiporevitalizador y un largísimo etcétera de muchas otras cosas sin sentido. Y todo ello mientras el comerciante agitaba los brazos de una forma desproporcionada y esperpéntica.

El mágico producto en cuestión, explicaba Gozno, es aplicado sobre la piel gracias a la boquilla mágica patentada por él mismo, al accionarla creando una ligera presión sobre ella, se disparaba el mecanismo que dispersa el líquido repelente de orcos y semi-orcos, también patentado por él mismo, y de ésta manera, ninguna malvada y pérfida criatura orca se acercaría al portador del maravilloso, mágico, (etcétera, etcétera, etcétera) y revolucionario producto. Naturalmente Paco desconfiaba, y no era para menos viendo la enorme y fingida sonrisa que Gozno tensaba en su cara, sumando que ver una hilera de dientes negruzcos no era de las imágenes más agradables de Faêrun.

‘No sé no sé’ dudaba Paco. Entonces el hábil comerciante Gozno atacó con una oferta de “dos por tres” que a priori parecía difícil de rechazar. Pero, ¿para qué quería Paco un repelente para orcos si nunca había visto uno, y dudaba mucho de que lo fuera a ver? Aunque Gozno seguía insistiendo, y el "dos por tres" ofrecido era jugoso.

-¡Yo mismo lo uso AMIGO Paco! ¡Yo mismo en mi propia piel y me va de maravilla!

-¿Pero por qué gritas tanto? ¿Te pasa algo en la garganta?

-¡Mira AMIGO Paco! ¡Son mis últimas unidades! ¡¿Precio oferta sabes?! ¡Solamente un platino! ¡SOLO UN PLATINO!

-¡Un platino! Como si tuviera un platino... ¿Que te pasa en la boca? ¿Por qué tienes los dientes tan negros? ¿Es un efecto secundario de tu repelente mági...?

-Es un grave problema médico por culpa de una adicción que no viene al caso... ¡Ahora bien AMIGO Paco! ¡¿Quieres uno?! ¡Claro que quieres uno! ¡Cógelo, cógelo! ¡Casi no pesa nada para llevarlo en tu petate!- Hábilmente le puso el bote en la mano a Paco.

-Oye, que no lo quiero, no quiero tu producto.

-¡Claro que no pesa nada! ¿Ves como te lo había dicho? ¡Gozno no miente NUNCA! ¡Y es buenísimo para piel AMIGO Paco! ¡Que si mal no me equivoco eres un tuno...! no, ¿como se decía? ¡Ah si, un JUGLAR!

-¿No me estás escuchando verdad?

-¡Y a los JUGLARES os gusta tener un cutis PERFECTO! ¡Pues con el Repelente para Orcos Patentado de Gozno™ no solo no se te acercará ni un ORCO ni medio, sino que ADEMÁS tendrás un cutis y una piel SUAVE como la de un BEBÉ halfing!

-Hace rato que te he dicho que no lo quiero.

-¡ADEMÁS! ¡ADEMÁS deja un dulce y fresco aroma a moras MADURAS!

-No me gustan las moras... ¿y no has dicho antes que era inodoro?

-¡Un GALÁN como tú sabe que necesita el repelente para orcos si quiere triunfar con las DAMAS! ¡¿Eh truhán?!- El incansable comerciante le arreó a Paco dos codazos en un vano intento de confidencialidad, con la suerte de darle justo en la costilla amoratada.

-¡Vaya, te he hecho DAÑO! ¡Bueno, no IMPORTA, porque el Repelente para Orcos Patentado de Gozno™ también es un fantástico ANALGÉSICO! ¡¿VERDAD que no puedes pasar sin él?!

-Una vez más te repito que te pierdas en los planos inferiores...

-¡A los PLANOS inferiores se irán los orcos cuando huelan el repelente!

-Oye, si dices que éste camino está infestado de orcos ¿por qué gritas tanto? los atraerás...

-¡No AMIGO Paco! ¡Porque tenemos el Repelente para Orcos Patentado de Gozno™ y es imposible que unos orcos malolientes se acerquen a nosotros y....!- Justo entonces, a lo lejos, cerca del vado de un río saltaron al camino unos quince orcos; verdes, grandes, armados y ruidosos. Gozno se volvió incrédulo; durante unos segundos Paco y Gozno cruzaron las miradas perplejos, entonces el comerciante le arrebató el Repelente para Orcos Patentado de Gozno™ de la mano a Paco gritando ‘¡Jódete piojoso!’ y saltó dentro de su carruaje, que salió disparado en dirección contraria a la amenaza verde.

Antes de que Paco se diera cuenta estaba rodeado de criaturas verduzcas y babeantes, armadas hasta los dientes (los que probablemente, por su tamaño y forma también podrían haber sido utilizados como armas). Paco, lejos de perder los nervios, haciendo gala de su estoica templanza, en un increíble acto, digno de héroes, que yo como narrador de ésta historia he de insistir en que ni los más curtidos en la batalla son capaces de mantener la compostura en unos momentos tan difíciles, nuestro héroe Paco, inamovible como solo él sabe aparentar, apretó fuertemente el esfínter para no experimentar desagradables contratiempos; que luego estas cosas se terminan sabiendo y no son anécdotas de las que una dama se tenga que enterar.

La hoja afilada en el cuello no le faltó momento alguno a Paco, mientras tanto, los barbáricos seres discutían entre ellos en un idioma rebosante de zetas, sonidos ceceantes y descomunales salivazos que salían disparados cuando articulaban cualquier palabra. Paco, aunque no hablaba idioma orco[1] puso todo su esfuerzo y escasa concentración en interpretar las expresiones y aspavientos de éstos. No les quitaba ojo a los verdes conversadores. Viendo como braceaban llegó a la conclusión de que se referían a algo grande, considerablemente grande, quizá una olla o algún tipo de utensilio de cocina usado a modo de recipiente, muy probablemente para la cocción de alimentos. El otro orco no parecía muy de acuerdo con su camarada, negaba con la cabeza, y movía la espada horizontalmente de atrás a adelante, como quien ensarta una pieza de carne en un palo, luego giraba la hoja, dando a entender que era más cómodo para darle vueltas. El primer orco, claramente en desacuerdo, bajaba la mano del segundo, negado y reafirmándose de nuevo en su idea del perolo grande, mientras hacía gesto de remover con la espada. La agitada conversación continuó así de interesante durante un largo rato, hasta que un tercer orco entró en ella. Éste último, que era de un verde más claro, falta sin duda de alguna vitamina en su dieta alimenticia, separó a los indecisos orcos y, con su hacha hizo varios cortes al aire justo antes del gesto universal que se refiere a la acción de ingerir, expresando su predilección por la carne cruda. Todos los orcos afirmaron gozosos, expresando su acuerdo con gritos guturales y golpes en la cabeza. Entre dos cogieron a Paco, agarrotado como estaba y se lo llevaron al campamento.

Paco dio con sus huesos en los barrotes de una rudimentaria jaula, situada en el círculo más externo de la plaza central del campamento. Las tiendas, levantadas con pellejos de animales y palos se aglutinaban en pequeños grupos de cuatro o cinco, y el conjunto de todas ellas formaban un aro alrededor de lo que claramente era la zona de reunión socio-lúdica, con la tan típica hoguera apagada en el centro. De entre todas las tiendas solo destacaba una, grande e imponente. Elevada sobre las demás y con una pintoresca decoración de huesos humanos, era sin duda el acogedor hogar del jefe.

Paco continuaba concentrado en su complicada tarea de apretar el culo, mientras tanto los orcos seguían discutiendo fuera. Aunque el punto relativo a la preparación de la comida lo tenían claro, discrepaban en la forma de repartirse el festín. Había mucho orco y poco Fránsico. Los miserables orcos parecían famélicos y debilitados, a más de uno se le notaban las costillas, y todos, sin excepción, miraban a Paco con un deseo obsesivo. Era evidente que los ánimos estaban calentitos entre los miembros de la tribu, las caras verdes se agolpaban al rededor de la jaula, salivando efusivamente hasta el punto de que casi formarse un barrizal a sus pies. Entre tanta expectación y deseo culinario varios orcos empezaron a inquietarse, y lo había comenzado como unos leves empujones terminó siendo una avalancha de puñetazos, patadas y mordiscos a troche y moche. Paco se sentía más seguro dentro de la jaula, por lo menos allí dentro solo le saltaba alguna gotilla de sangre de vez en cuando o algún diente que había perdido la pista de su dueño. Entre el avispero de mamporros había un orco que repartía más que ninguno y no tardó mucho en dejar a varios de sus camaradas noqueados en el suelo. Otro viaje y otro orco más al suelo. Dos más, éstos con un brazo roto y la dentadura por el suelo. Otro que se acercaba sigiloso por detrás terminó estampado en un montón de cajas vacías. Otro golpe, y otro más, resultaba casi hipnótico... el pequeño detalle era que, se peleaba por él, ¡pero para comérselo! Paco flotaba entre las brumas de irrealidad que otorga el piadoso seso cuando no se termina de racionalizar algo, nunca se había visto rodeado de orcos hambrientos peleándose por comerle, a decir verdad nunca había estado rodeado de orcos; que narices ¡media hora atrás jamás había visto un orco!

Se había proclamado un ganador, como narrador afirmo que no se muy bien como describir al orco pues todos me parecen iguales, pero le echaré imaginación. Era grande y verde, sus caninos inferiores sobresalían desproporcionadamente de su boca... ya lo decía yo, todos iguales. Corramos un tupido velo.

...

...

El orco vencedor se acercó a la jaula dónde Paco miraba anonadado, crujiéndose los nudillos y babeando más que un caracol, ya casi podía saborear las tiernas carnes del bardo. Paco, que ya comenzaba a tomar conciencia de su inmediata defunción hizo un esfuerzo por sonreírle amablemente al orco, con la esperanza de que sonara la flauta por casualidad y le perdonaba la vida. Por desgracia, el total desconocimiento del folclore orco por parte de Paco lo había hecho cometer un error fatal. Para un orco, enseñas los dientes, o para un ser civilizado lo que viene siendo una simple e inocente sonrisa, era una ofensa terrible, una de las peores quizá. En nuestra cultura podría traducirse como si alguien te levantara en el aire por tus partes genitales mientras menta al recuerdo de tu madre no muy respetuosamente. En consecuencia, y como el lector imaginará, el orco montó en cólera y de un manotazo aventó los barrotes de la jaula dónde yacía Paco.

Nuestro bardo, el insensato Paco, se temía lo peor, lo más catastrófico, en sus entrañas podría sentir el final inexorable, no se creía capaz de aguantar sin cagarse de miedo mucho más rato. Cerró los ojos esperando que Sune, su adorada y querida Sune obrara un milagro para salvarle. "Mi amada Sune" pensaba Paco para sus adentros "Mi querida y deseada Sune, si me salvas la vida, te juro por lo que tengo entre las piernas, de lo que estoy muy orgulloso, y si no que lo pierda, que seduciré y llevaré al lecho a la primera hembra que vea, tienes mi más sincera palabra". Y al parecer la diosa le escuchó, porque no fue devorado por el apestoso orco que tenía delante, en su lugar escuchó un aterrorizador grito gutural que retumbó en sus oídos como un violento trueno. El jefe de la tribu había salido de su tienda. Era una bestia descomunal, su pecho parecía un tonel, con unos pectorales enormes, los brazos parecían troncos de árbol y su pelo, enmarañado en una coleta "cebollona" era más negro que la ingle de un drow. Aquella monstruosidad de ser avanzó hasta Paco y lo levantó sin esfuerzo alguno, como las gatas cuando cogen a sus cachorros, y se lo llevó a la tienda de donde había salido. El resto de los orcos se limitaron a apartarse conforme pasaba su jefe, incluso los que yacían casi inmóviles en el suelo se arrastraron para no entorpecer el paso a su líder.

El tremendo orco soltó a Paco en lo que parecía un sillete, junto a una primitiva cama. El interior de la tienda estaba realmente bien aprovechado. Aquella criatura había colocado baldas donde guardaba una desproporcionada cantidad de mejunjes, líquidos embotellados y lo que parecían saquitos con polvos, seguramente, pensaba Paco, útiles de magia orca que en apariencia utilizaba el chamán con cierta frecuencia. También había, lo cual era un poco desconcertante, una especie de "algo" que parecía una cómoda, en un orc-style de lo más clásico, fabricada con huesos, excremento y cuerdas de esparto. Todo lo que estaba a la vista era el no va más del glamour orco. Cráneos decorados, pieles de tigre con curiosos tribales dibujados, presumiblemente con sangre humana, alguna cabeza reducida, ya un poco desgastadas, un exquisito candil de forja, sin duda de fabricación enana, un retrato ecuestre, la verdad es que el jefe orco tenía buen gusto, una bonita colcha de encaje sobre la cama...

El jefe orco se dio la vuelta con un cráneo en cada mano, tendiéndole uno a Paco. Su anfitrión se había pintado la cara con algún tipo de pintura ritual, o de guerra, los labios los llevaba rojos y el contorno de los ojos oscurecido. Aquel detalle le sorprendió enormemente a Paco, pues no tenía a los orcos por tan cuidadosos. Cuando cogió el cráneo que le ofrecía, que no era ni más ni menos que un socorrido vaso, Fránsico se percató de que llevaba las uñas pintadas de rojo. Su anfitrión se apoyó el la cómoda.

-¿No vas a probarlo? Es un exquisito rosado de Everlund, a mis chicos les costó horrores arrancárselo al mercader que lo llevaba, seguro que para ser malgastado por algún piojoso elfo sin paladar.

A Paco se le descolgó la mandíbula de su sitio.

-¿Te vas a quedar ahí mirando boquiabierto? Pensaba que los tunos... juglares, perdón, erais más divertidos.

Paco era incapaz de mediar palabra.

-Oye, si te has quedado mudo prefiero sacarte fuera y que se te coman... ¡lo que hay que hacer por un poco de conversación inteligente!

Paco le dio un trago al líquido, que en efecto era lo que el orco decía.

-¡Delicioso el vino! Pero no me mate, ni me saque ahí fuera, puedo entretenerle de muchas maneras... ¡Y con el vino gano mucho!

-Vaya, al parecer el bardito si que sabe hablar.- Se acercó a Paco y le levantó la barbilla delicadamente con el dedo índice. -Me pregunto que más sabrás hacer con esa lengua prodigiosa...- Sin duda era un comentario desconcertante.

-¡Le puedo recitar un poema! ¿Como se llama usted?

-Mariam.

-Bien... Mariam... ¿¡Mariam¡? ¿Que clase de nombre orco es...? ¡Mariam! ¿¡Es que acaso usted es hembra...!? Digo, ¿¡mujer!?

-Me sorprendes. ¿No sabes reconocer a una dama cuando la tienes delante, truhán?

La voz de Sune retumbó en la cabeza de Paco "Cariño, tenemos un trato, ¿lo recuerdas?"



Imágen: http://puppeli.deviantart.com/


[1] El idioma orco consta de aproximadamente unos diez caracteres y una muy reducida lista de fonemas diferenciables y clasificables. Magos estudiosos de filología han determinado que esto se debe a la escasa inteligencia de sus hablantes nativos y la imposibilidad de los mismos de entender una cifra mayor al número diez, sumado a su clara dificultad para articular palabras complejas. Independientemente el vocabulario es extremadamente extenso, gracias a sutiles entonaciones en la pronunciación, así pues la palabra (escrita fonéticamente) 'Grouuuzz' puede significar "leche rancia de cabra" o expresar desacuerdo con el pago de botín otorgado por el jefe.

17 comentarios:

Ogruu dijo...

Un poco pesado el trozo del comerciante (es lo que tienen los comerciantes pesados).
Muy bueno el punto "del jefe orco".
Me gustó más el relato de la taberna, pero aún mantiene su chispa... :)

I. Guerrero dijo...

Gracias Ogruu, aunque al final me he dado cuenta que se ha quedado un poco corto respecto a lo que quería expresar, el mundillo orco me hace mucha gracia :P

Mir dijo...

Pues yo me he reído como una descosida, y no se me ha hecho largo lo de Stan... digo, Gonzo :P

Sobre todo, me ha encantado el intento de describir al orco ganador, juas...

Muy bueno. Esperaremos con ganas la segunda parte ^^

I. Guerrero dijo...

Me alegro Mir, dentro de poco iré a por la segunda parte, si.

Violeta dijo...

Jajajajaja!!! Que mala leche Sune, no? Que bueno, me encanta este bardo ;-)
Me han hecho mucha gracia también las expresiones de "más negro que la ingle de un drow" jajaja, y lo del "orc-style", entre muchas otras.
Deseando saber como hace para "librarse" o no, de "Mariam" ;-)

Anónimo dijo...

Muy bien Isma, otro gran relato muy bien narrado... Imaginacion + humor = m * c * c. A ver como sale Paco de esta... me imagino como... pero... HARDCORE, es casi zoofilia.

I. Guerrero dijo...

Gracias Violeta y gracias Anónimo, pero permanecer en las sombras no te va a librar de las atormentadoras cancioncillas del balrdo, clericucho del tres al cuarto ;)

Anónimo dijo...

jajaja!!!!!!!! cuanta imaginacion!!!!¿de donde sacas estas cosas? ¡no quiero saberlo!jajajaj.es genial.adelante fransico!!!!!!!!

I. Guerrero dijo...

Gracias Anónimo, en realidad las ideas las tiene mi perro, yo soy un mero traductor.

Sai dijo...

Muy grande, llevo casi 10 minutos haciendo la croqueta por el suelo gracias a las bondades de la caritativa Sune.
Eso si, podemos decir orgullosos... que hoy Paco va a convertirse en un hombre :D

P.D. Y gracias puede dar de no estar en warhammer, que allí los orcos funcionaban por esporas. :D

kassandra dijo...

tenemos mono de bardo!!! queremos bardo!!! queremos follones!!! entuertos y risas!!!

I. Guerrero dijo...

Me alegro :) estoy trabajando en la siguiente parte ;)

Armando dijo...

Muy bueno todo el background de Fransico que estas creando :)

por fin he tenido un ratico para echarle otro vistazo , para cuando la siguiente?? :D

I. Guerrero dijo...

Mi querido y bien amado Master!!! :P ;)

Pues tengo la siguiente empezada, pero ahora estoy trabajando en un cuento de los Mitos de Cthulhu (además de no sé cuantos más que tengo empezados), pero, habrá próximos, los habrá.

Nicolás dijo...

jeje.Pobre Paco, no veo un desenlace del todo agradable con "la orca" jeje. Muy bueno, me gusta mucho

I. Guerrero dijo...

Gracias, tengo pendiente la próxima historia de Paco, pero ahora estoy con otro tema.

Saludos.

D.M. dijo...

otro otro!! questo hasta igual da algun pekis :P

Saludooss espero todo vaya guay

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